Tu cadaver era exquisito

Te sacan sangre y cagai,
y ese hambre que deja, no se alimenta con música en formato mp3,
esos brazos que refuerzan, son como espinas que se clavan, -de ahí lo de la sangre-.

En esos momentos de muerto por fin te conozco,
porque como pocos, me das la espalda frente a frente,
me amarras con el fin; complejo, vestido siempre de negro.

Como anestesia te lamería las caderas,
te besaría los pechos,
te sentiría cuando entro.
Para dejarte:
Débil, comiéndote las uñas,
loca, escribiendo sin comas,
con calma atravesando el vaivén.

Así se que estamos acá.
Así puedo dejar de ver películas.
Así te dejo entrar.

Y el suelo como suelo del cielo nos abraza, se derrite en puntitos como sudor.

Cabezazos

Podría uno recordar todas las noches, incluso esas en que no pasa nada.

Pegartelas en el derecho, para mas tarde vanagloriarte, ni siquiera hacer uso.


Siendo iguales se mezclan,

para encontrar lo que viste.


Las neuronas, como volantes de cosas innecesarias,

circundando las ciudades, acaban en los basureros, se los traga el camión.


Caminan por esas calles de serpentinas y barro, no hay fiestas reales,

no celebran, a penas hay sonrisas,

no se les ven los dientes,

ni se les arrugan los ojos.


El domingo no se acaba.

Y caminan desafiando la ciudad,

obligan a los postes de luz y a los choferes,

cierran y abren portales; se sientan.


Borrachos, como pocos, se sientan.


Dolor de pezón

Me acosté patas arriba en el rincón, junto con la entrepierna de la señora de al lado.
Eran maravillas y petunias, pero parecían secas.

Se cansaban en la mañana,
se acostaban de lado,
no dormían, porque le dolía un pezón; el racional y lógico.

No la mordieron,
lo perdió en batalla ajena, de esas en que no se empieza.

Y cansada de no calzar en la silla,
se sentaba acostada para entender la forma de la cama.

Pero la cama no entiende de dolores,
no porque no tenga pezones,
si no que, en su pecho guarda ardores,
con ellos quema sábanas,
y roba sillones.

¿Cuánto tiempo nos miramos los ojos?

Cuanto tiempo se me quemaron los calcetines, levantada de pie, en frente del espejo sucio, quería encender un puro, de puro aburrida del día, de las calores, de los buses aislados, las jornadas adornadas con nieve, con verde y rojo .Me saliste con magia en el bolsillo, los espacios vacíos de navidad, las guindas, las ganas de vomitar, las amigas embarazadas, mi pelo que no crece, el mantenimiento de las cortinas, las ganas de impresionarme: amigo bonito, eres tan azúl, sin dejar de ser anaranjado, excitante como González en el Corazones, tranquilo como mi cuerpo.

Le dije mesa para que llorara

Le dije: "mesa", para que llorara.
Entonces, a veces la gente no se compara consigo misma, sino que frena en los demás.
A veces es complicarse en vano, y mentir en trozos.
Otras no vale, algunas carece, y las restantes; te empuja.
Empujame otra palabra, respira unos puntos y corre.

Corre en marcas extraordinarias, se puede, no se puede, se puede.
El hankido, el voleibol, el pin-pon y un poco de abstracciones.
A veces duele, pero siempre sudas y te deformas, siempre.

Acaba en mí,
no así,
en mi continuación,
dejenerado un poco,
y la tv como fondo de tu nacimiento,
por MTV en noches calurosas en pleno apogeo.

No se dibujar con letras.

Desármalo

La cama se desarma entre las sabanas y esconde pies que no caben en mis alas.
Uy, un cadaver exquisito.

Yo creo en la ley de mi indiferencia, rozo mis piernas con la comunión insignificante del respeto humano, y me carga latín.
Pensabamos que las universidades podrían desnutrir nuestra insignificancia comunicacional y enseñarnos a tejer a las mujeres, pero no, me encontré con evángelicos y criterios descoloridos que no me hacían pensar de forma crítica, ni sentir con orgullo los lentes en mis pómulos, me hacían analizar.

Y psicoanalizar es como mentir pero mas musical, y en ese intercambio me pareció que podía andar en bicicleta para siempre, y se necesita ese desorden.
Yo lo llamo problema mágico comunicacionel de primera entre montones de juguetes en una de mis navidades pasadas.

Ya no me dan miedo los payasos.

Entre humo en tu Valparaíso

Y en las playas afrodisíacas las ostras se muerden la lengua,
las algas atrapan las botellas de cerveza, y el congreso no celebra.

Ahora que empieza un verano en la capa de ozono,
las putas preparan sus redes,
salen a mariscar.

Entre las olas,
entre la arena que quema se esconden sirenas que se camuflan con lobos,
los lobos son cafés, y parecen mezclar en sus gritos cíclicos, lo que no encontramos en las siluetas y pelos teñidos.

Los mariscos se bañan en chocolate, y los intelectuales los confunden con postres.
Con pimienta aliñan los helados, los enfrían en la cabezas de las mariscadoras,
y se alimentan,
tragando sal y arena.

Los genios se van con su sexo,
se quedan con las ninfas de pelo lacio,
no les importa conversar más,
en sus pechos descanzan,
no sé si tendrán paz.